Jueves, 09 de febrero de 2012
Publicado por MasterKyros @ 18:01
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“Hasta siempre”  Esas dos palabras se habían quedado resonando en mi cabeza como el pegadizo estribillo de una canción pop. ¡¿Qué diablos quería decir Mickey con “hasta siempre”?! ¿Me quería explicar que iba a hacer alguna tontería, como un sacrificio o algo así? ¿O es que se iba a iniciar en una nueva aventura, que le duraría toda la vida? Le había acabado cogiendo cariño a esa pequeña rata y, desde luego, no podía dejar que nada le ocurriera. Tenía que ir al castillo y averiguar por mí mismo lo que estaba sucediendo…

“Hasta siempre…”  ¿Cómo que hasta siempre? –Preguntó Sora. Su cara ya no conservaba ni un atisbo de emoción, más bien lo contrario–. ¿Qué pretende hacer el rey…?

–Debemos ir al Castillo Disney cuanto antes –Interrumpí, no quería que repitiera lo que ya pensábamos todos. Era algo que me ponía nervioso.

– ¿Y cómo pretendes que vayamos? –Preguntó Kairi con sarcasmo–. Hasta que no venga Merlín no podemos movernos de aquí, más que nada, porque no sabemos cómo.

–Pues tenemos que…

–Hay algo que me preocupa más que Mickey –Esta vez era Sora el que me había cortado a mí. Me molestó un poco que lo hiciera, pero tenía curiosidad por saber lo que iba a decir, así que, simplemente, le miré con el entrecejo fruncido y le dejé hablar–. ¿Qué? ¿No me irás a decir que Mickey no puede arreglárselas sólo? Lo ha hecho todos estos años, y creo que puede seguir haciéndolo ahora. Confío en él, y eso es lo importante. Sin embargo… ¿Donald y Goofy? Siempre han sido muy dependientes de alguien (al igual que yo, lo reconozco), así que les tiene que haber pasado algo muy gordo para que no puedan acompañarnos en esta misión.

–Mmm… ¿Y no podría ser, simplemente, que Mickey quiere que hagamos esto solos? Puede que sea una prueba o algo así… –Preguntó Kairi, parecía bastante convencida de lo que decía. Pero yo sabía que los tiros no iban por ahí…

–Eso tiene sentido para él –Expliqué señalando a Sora con el dedo–, pues su fuerza emana de los corazones amigos, de sus compañeros. Al lado de ellos es asombrosamente fuerte, pero solo… –Sora me miró un poco molesto, pero sabía que tenía razón, así que no dijo nada–. Lo que quiero decir, es que yo he estado más de un año luchando por mi cuenta, o sea, ya estoy acostumbrado. Por lo que a mí me vendría mejor luchar al lado de un amigo. Pero a él no. Y, bueno… a ti, Kairi… tu tendrías que aprender a luchar desde las bases más elementales…, aunque he de reconocer que aquel día, en el castillo del Mundo Inexistente, lo hiciste bastante bien.

–En cualquier caso, se está haciendo tarde. Tendríamos que hacer caso a Mickey y descansar todo lo posible este fin de semana –Comentó la chica–. Venga, vámonos.

–Pero…

– ¡Vamos! ¡A las barcas! –Gritó Kairi

Y así, los chicos, a regañadientes, subimos a los botes para ir hacia nuestras respectivas casas de la isla principal.

La noche se hizo larga y pesada, no pude dormir hasta bien entradas las cuatro de la mañana. Y los sueños tampoco eran los más agradables del mundo: Mickey corrompido por la oscuridad, Mickey comido por los sin corazón, un incorpóreo de Mickey, Mickey sin corazón, y ¡oh! Mickey sin cabeza.

 

Esos dos días fueron los más largos que he tenido nunca. Los segundos se me hacían minutos, los minutos horas, y las horas días. Era como volver a sentir aquella sensación… la sensación de estar encerrado en un lugar, de querer salir por cualquier medio (incluso en una balsa hecha con cuatro palos … ) y no poder. Esa degollante sensación me estaba consumiendo por dentro. Pero no, no podía dejar que pasara otra vez, tenía que controlarme, y ahora sabía cómo. Con mis amigos. Todo se hacía mucho más llevadero con ellos a mí lado.

Al fin llegó el día, el alabado martes veinticuatro y, aunque prácticamente no había podido dormir en toda la noche, estaba tan despierto que podía haber aguantado otras dos noches en vela.

Una cortina de niebla inundaba la isla central, era difícil, si no imposible, navegar por aquella bruma sin perder el rumbo. Al fin, tras unos cuantos despistes, conseguí llegar al lugar esperado gracias a un brillante rayo que ascendió desde el suelo de la Isla Paopu hasta el brumoso cielo. Al verlo, supuse que eran Kairi o Sora intentando indicarme la situación exacta de la isla, como si de un faro se tratase. Pero, de nuevo, volvía a estar equivocado.

Desembarqué en el pequeño puerto que había en la playa. Estaba asombrado, no había ni un ápice de niebla, ni si quiera había nubes en el cielo. Miré al horizonte, en el mar, y observé como la escamosa bruma se arremolinaba en una gran esfera alrededor de la isla principal. Era demasiado perfecta, incluso parecía obra de…

–  ¿Te gusta mi nueva creación?

…Merlín.

– ¡Hey, Merlín! ¿Cómo tú por aquí? ¿Qué tal te van las cosas? Veo que sigues sin cortarte el pelo, te van a crecer minimoys, que lo sepas. ¿Qué tal Mick… –Comenté alegremente. Qué estrés, ¡al fin había llegado! Estaba tan nervioso que no podía contenerme, pero a la vez me daba vergüenza que supiera que había estado dos días sin dormir por no poder parar de pensar en su venida, ese pensamiento era más propio de Sora.

–Eh, sooo, tranquilo, hombre. ¿Desde cuándo estás tú tan vacilón? –Preguntó con una sonrisita escondida en lo más hondo de su canosa barba.

–Te recuerdo que llevo casi un año con Sora (después de que llegáramos de la lucha contra Xemnas) y no ha parado de hacer bromas desde entonces. Todo se pega, Merlín, todo se pega…

–Bueno, que se le va a hacer. Por cierto, ¿no os avisó Mickey de mi llegada? Tenía entendido que os mandaría una carta…

–Ah, la carta… –Dije intentando que no se me notara mi reciente obsesión–. Ya ni me acordaba de la carta… En fin, ¿qué tal anda Mick…?

–¡¡¡Merlíiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii iiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiin!!! –El inconfundible y agudo alarido de Kairi inundó toda la isla, diría que lo habrían oído incluso en la Cueva de las Maravillas. Me estaba empezando a molestar que me cortaran justo cuando preguntaba por Mickey. Fui a preguntar otra vez por él, y vi que Merlín se estaba riendo de una forma… bastante ridícula para su edad (¿Cuántos tendría? ¿Ciento y pico?).

–Jijijijijiji

–¿Se puede saber de qué te ríes? –Me estaba… jorobando que se riera de algo que yo no sabía.

–jijijijiji jijijijijiji

–Merlín.

–Jijijijijij jijijiji jijijijiji

–¡MERLÍN! –Grité al fin, pues la situación me parecía demasiado enervante.

–¡Ya te he oído! ¿¡Qué cominos quieres!? –Respondió éste.

–¡Saber de qué coño te estás riendo!

–Eh, ¡cuida tu vocabulario, mocoso! Además, si lo cuento ya no hace tanta gracia.

–Será amargado… –Pensé por lo bajo.

Antes de que pudiéramos decir nada más llegó Sora, empapado hasta las nalgas y con una mirada de odio incondicional hacia Kairi.

–Pero… ¿y a ti que te ha pasado? –Pregunté

–Creo que Merlín se ha dado cuenta… Estaba de pié, en la barca, saludándoos (o intentándolo al menos, ya que ninguno me ha visto), y Kairi se ha puesto a gritar tan fuerte que me he caído al agua del susto.

–Deberías haberlo visto, ha sido como ver a un pato en para-caídas –Bromeó Kairi–.

Ya comprendía de qué se reía Merlín, aunque, a decir verdad, no me parecía tan gracioso y, desde luego, no podía perder un tiempo tan valioso en semejante tontería.

–Pero que infantilidad tenéis, por Dios. En fin Merlín, cuéntanos de que va todo esto…

La mueca del mago mutó totalmente, ya no parecía infantil ni feliz, ahora estaba preocupado, incluso… ¿era miedo lo que se veía en sus claros y viejos ojos?

De pronto y sin previo aviso alzó la cabeza hacia el cielo, colocó los brazos en forma de cruz, y pronunció unas palabras en una lengua totalmente desconocida para mí.

La arena desapareció, el cielo se tornó de un negro oscuro, el mar se dispersó hasta que no quedó nada de él, como si quisiera huir de nosotros; los árboles se pudrieron, y, poco a poco, la isla fue mutando hasta convertirse en un páramo urbano y totalmente derruido, como si hubiera sido pasto de una guerra nuclear.

A lo lejos, en la espesura de la desolación, se podía observar lo que quedaba de un gran castillo negro. En el centro de éste había un gran símbolo de Mickey rajado y tintado con la negra oscuridad de una sangre que nunca tuvo que ser derramada.

–Disney… Town… –Una lágrima descendió, despacio y con una abrumadora tristeza, por la mejilla del viejo mago, escondiéndose en la canosa profundidad de su barba.

 


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