Martes, 17 de enero de 2012
Publicado por MasterKyros @ 19:51
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Las nubes se alzaban alegremente en el cielo. Divertidas, libres… completamente ajenas a lo que estaba por venir. Al igual que nosotros, las nubes habían recorrido un largo camino para llegar hasta allí, y no tenían ninguna intención de dejar aquel lugar, ni siquiera sabían que tenían que hacerlo.

Muy por debajo de las nubes se extendía un vasto mar. Sus aguas eran claras, mansas... Tenían un brillo azulado que, fusionado con la cálida luz del sol, hacía imposible distinguir el fin del susodicho mar con el principio del cielo.

Parecía imposible que aquel bello lugar hubiera sido infestado por monstruos sin corazón, sin sentimientos y sin ningún tipo de remordimiento, pocos años atrás.

Pero aquello ya era cosa del pasado, y lo importante era el presente. Pasar el mayor tiempo posible con Sora y Kairi, eso era lo importante. Y no iba a dejar que nada ni nadie me lo estropease, o al menos eso creía.

Sin embargo, todo empezó a cambiar aquella mañana, aquella agradable y soleada mañana.

Sora y yo estábamos, como siempre, sentados en la hamaca-palmera del islote. Tú no la conoces porque la tuvimos que talar, pues ya estaba demasiado decaída. El caso es que estábamos mirando el soleado reflejo del cielo, cuando, de pronto y sin previo aviso, vino Kairi corriendo como una descosida. Llevaba algo en la mano, un objeto que me resultaba bastante familiar… Cuando lo tuve lo suficientemente cerca como para saber lo que era, no fui capaz de contener un retortijón estomacal, era como si todo el mundo se me cayera encima. Miré a Sora de soslayo, sin que se diera cuenta. Ahora el mundo no sólo se me había caído encima, si no que había rebotado, aplastándome de nuevo, haciéndome sufrir aun más. Pues la expresión de Sora no era otra que la de euforia máxima, se le podía notar el entusiasmo hasta en el último centímetro de la cara. Y no sé cortaba un pelo. No parecía importarle el hecho de que una carta real, enviada desde tan lejos, solo serviría para separarnos otra vez.

– ¿A qué estás esperando? –Preguntó impaciente– ¡Venga! ¡¡Ábrela!!

–Esto… Es que verás… –Dijo Kairi colorada–. Está demasiado fuerte…

–Suena un poco irónico que un ratón la haya cerrado tan fuerte como para que no la puedas abrir –Bromeé–. De todas formas no creo que sea nada importante –Sora me miró como si acabara de decir la mayor tontería del mundo, pero yo sabía que no era así, aunque… en el fondo…–. Pueden ser… ¿Felicitaciones de Navidad? –Eso sí era la mayor tontería del mundo, dado que estábamos en primavera. Me empezó a entrar un poco de vergüenza, así que hablé antes de que les dara tiempo a contestar–. ¡Era una broma!

–En fin… ya la abro yo –Comentó Sora cogiendo la botella y abriéndola sin casi esfuerzo.

Ya no cabía duda de que era una carta, además bastante extensa. Se hizo el silencio y todos comenzaron a leer:

“Os envío esta carta para advertiros de que estáis a punto de iniciaros en una gran aventura. Sé que estáis cansados de oírlo pero, ésta es la aventura más peligrosa y difícil que os podréis encontrar. Sobre todo para ti, Sora, pues no contarás con el refugio de un corazón amigo, no contarás con Donald, ni con Goofy, ni si quiera conmigo (aunque eso no es de extrañar dados los últimos años). Espero que me perdonéis, y que podáis resolver este gran enigma que yo no me he podido ni plantear.

Os dejaré un par de días para que descanséis. Pasado ese plazo (es decir, el 24 de abril de 2012), Merlín pasará a recogeros para explicároslo todo y traeros aquí.

Por favor descansad, y no olvidéis que el poder reside en lo más profundo del corazón. No importa lo oscuro que parezca el camino, siempre habrá una luz que os guíe.

Hasta siempre.

Mickey”


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